Una triste noche de noviembre, Sr. Pollo decidió ahogar sus penas en alcohol en los suburbios del puerto de Tarragona; Ya sea por su escasa edad o por su aspecto, ningún portero le dejaba entrar… Pobrecitos de nosotros estábamos en la misma situación, y tras negarnos la entrada en un pub selecto donde solo dejan entrar niñas perras que se refriegan con todo el mundo y a semi-hombres con americanas como las que llevaba mi abuelo de joven, lo encontramos tumbadito en el suelo, estaba cansado, agotado y decidió aposentar sus plumas allí mismo. Al verle nos sentimos identificados con el y nos miraba con esos ojitos que nos gustan tanto que decidimos invitarle a acabar la fiesta con nosotros.
Rato mas tarde, cuando partíamos de allí dirección a un bar no muy lejano nos abordaron dos buenos Galegos alcoholizados. Tras presentarles a Pollo y contarnos que tampoco podían entrar por no se perras ni horteras, se unieron al grupo.
Desfilábamos con honor al estar en compañía de tantos nuevos amigos, nada mas llegar al bar, Pablo (Uno de los Galegos) pago la primera consumación, al estar por la mitad de esta llego la segunda, al empezar la segunda llego la tercera y así sucesivamente..
Hasta llegar al momento que nuestra mesa acabo lleno de alcohol gratuito…
Ese día pactamos un vinculo especial con Pollo, ya que gracias a el tuvimos una señora borrachera gratis a costa de dos Galegos cuarentones que soltaban billetes a destajo…
jueves, 17 de enero de 2008
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